pero en los últimos dos años, ante la pandemia generada por el COVID-19, ha experimentado
una revolución y transformación de todo el sistema educativo.
El COVID-19 “influyó en la educación, más que en los procesos de enseñanza” (Núñez-
Naranjo, 2021, p. 66), ya que su impacto provocó cambios vertiginosos en el sistema
educativo, en el que, para continuar con la docencia, las instituciones de educación superior
tuvieron que modificar sus procesos educativos y hacer uso de nuevos medios para llegar
hasta sus comunidades estudiantil, prueba de ello, las redes sociales.
La Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura
(UNESCO) orienta el quehacer internacional frente al Objetivo de Desarrollo Sostenible 4
(ODS4), que comparte los conocimientos respecto de las diversas formas en que la
tecnología puede facilitar el acceso universal a la educación, reducir las diferencias en el
aprendizaje, apoyar el desarrollo de los docentes, mejorar la calidad y la pertinencia del
aprendizaje, reforzar la integración y perfeccionar la gestión y administración de la educación.
Para integrar eficazmente las TIC en la enseñanza y el aprendizaje, la UNESCO (2021)
precisa una redefinición de la función de los docentes en la planificación y aplicación de esas
tecnologías, a fin de cambiar y mejorar el aprendizaje. Para ello, propone un marco de
competencias para docentes, que destacan la función que puede desempeñar la tecnología
apoyado en seis grandes aspectos prioritarios de la labor pedagógica, entre ellas la
comprensión del papel de las TIC en la educación; currículo y evaluación; pedagogía;
aplicación de competencias digitales; organización y administración, y aprendizaje profesional
de los docentes.
Si bien es cierto que gran cantidad de instituciones educativas pueden ofrecer con
relativa eficiencia sus cursos, en la modalidad a distancia o virtual, no menos cierto es que
para llegar al estado actual, grandes cambios han debido sucederse. La integración de la
tecnología base del hardware y el software, y los avances en el ámbito de las
telecomunicaciones y el Internet, han permitido a las personas aprovechar las bondades que
hoy brindan las TIC.
Como elementos clave en el proceso de enseñanza - aprendizaje en la modalidad virtual,
Cardona (2002) plantea el ritmo de aprendizaje del estudiante y la orientación individualizada
por parte del docente, cuyo rol se fundamenta en la gestión, orientación y generación de
interés por parte de los estudiantes, promoviendo el establecimiento efectivo de la interacción
entre quienes enseñan y quienes aprenden.
Vistas sus funciones en la educación a distancia y virtual, el docente debe ofrecer las
herramientas necesarias al estudiante para que se apropie de los procesos que involucran su
aprendizaje, así como la transferencia del mismo; mientras los participantes pasan de ejercer
un papel inactivo a uno activo en la medida en que avanzan en su proceso de aprendizaje,
con las competencias idóneas para desarrollar un aprendizaje autodirigido, pues logran
administrar sus ritmos, tiempos, calidad y cantidad en el proceso de aprendizaje, de forma
autónoma (Narváez y Prada, 2016).
En la comunicación digital, la plataforma de mensajería instantánea WhatsApp ha
permitido el intercambio de mensajes mediante texto, voz y recursos multimedia,
fortaleciendo procesos de socialización e interrelación entre dos o más personas de manera
simultánea, en un contexto apoyado fuertemente por las TIC.
El WhatsApp fue lanzado de manera oficial y gratuita en febrero de 2009, para
smartphone o teléfonos inteligentes, siendo posible, posteriormente, su uso web de escritorio
para ordenadores. Actualmente, la app tiene versiones para Android, iPhone, Mac, Windows
Phone y Windows de escritorio (para la versión 8 o superior, de 32 o 64 bits).
Sus usos y consumos giraron en sus primeros años en la comunicación, enmarcado bajo
su nombre mismo: ¿What’s up? lo que quiere decir ¿Qué pasa? Luego, su plataforma fue
puente para la divulgación de información, procesos profesionales y laborales, así como para
dinámicas propias de procesos de enseñanza-aprendizaje, bajo el contexto del COVID-19.
La interacción entre estudiantes y docentes es imprescindible en la mediación
pedagógica, que busca materializar y concretar la cuestión educativa mediante recursos y
plataformas determinadas, en este caso concreto, usando la mensajería instantánea junto