trabaja solo y asincrónicamente, y un espacio grupal donde el alumno trabaja sincrónicamente
con el docente. La diferencia es que en el Flipped Learning el espacio grupal se da en un
entorno presencial, mientras que en el Flipped Learning Online este espacio grupal se da
virtualmente (Inocente-Díaz & Díaz-Pizán, 2020).
Sobre estas bases de virtualidad absoluta, fue factible organizar una serie de propuestas
para que se haga efectiva la acción del proceso enseñanza y aprendizaje. En principio, un
docente debió ingeniárselas para maniobrar diferentes formas de implicar al alumnado en la
información que desea difundir. Dentro del contenido del discurso, será importante observar
canales de expresiones que se manifiestan mediante metáforas o analogías o ejes temáticos
que se relacionan con los sentidos. Todas las personas tienen una mayor predilección con
algún canal sensitivo, como el visual, quinestésico, auditivo, olfativo y gustativo (Rivero,
2017). La relevancia de una vía de tipo visual, llevará a resaltar en una conversación
observaciones de situaciones, ejemplos o metáforas recreadas a través de las imágenes. De
esta manera, se acrecienta el interés y despierta mayor atención al mensaje que se trata de
transmitir. Si cobran primacía las percepciones quinestésicas, las verbalizaciones describirán
sensaciones físicas como calor, frío, aspereza, suavidad, contracción, relajación, etc. Si el
canal es de tipo auditivo, los discursos se relacionan con la escucha, poblados de analogías
con respecto a los sonidos en general, y así con los canales olfativo y gustativo (Velezvía
Estrada, 2020).
Otra propuesta relevante fue la implementación de preguntas en la enseñanza. El ayudar
y motivar a que los alumnos pregunten, es una forma de construir una clase dinámica y
reflexiva. La pregunta es un arco de entropía -en términos cibernéticos-, es decir, genera
desorden en búsqueda de un nuevo orden; son disruptivas con la finalidad de enriquecer el
conocimiento (Rodriguez & Ceberio, 2020). Porque las preguntas surgen de las dudas y en
la medida que se ponen en juego, abren a más cuestionamientos, obligan a pensar al docente
y al alumno, generan curiosidad y nuevos hallazgos (Serafini, 2016).
Frente a la situación de crisis, los sistemas se acomodaron homeodinámicamente
encontrando soluciones que se capitalizarán como aprendizaje listo para ser utilizado en otras
situaciones críticas creando circuitos de retroalimentación. Se implementó la escolaridad
mediante la tecnología y la escuela se trasladó a la casa y todos se transformaron en un
equipo docente: maestros y padres y madres, aliados en la enseñanza. No obstante, como
señala Contreras (1994) la dinámica enseñanza y aprendizaje “es comunicación” y en la
virtualidad es necesario reformular las formas de interacción. Si bien el uso de plataformas
es un instrumento efectivo, se nota la falta de presencialidad grupal virtual, donde las
personas se observen y puedan interactuar.
El uso del lenguaje verbal y no verbal (Watzlawick, 1981) es otra de las propuestas,
puesto que son básicos en la comunicación humana. Mirar y mirarse las expresiones, tonos
de voz, silencios, escuchar preguntas y respuestas, recorrer los rostros de los alumnos, donde
están, visualizar el interior de sus casas, si están en un escritorio o la cocina o dormitorio.
Observar sus caras, aunque algunos no se quieren mostrar por estar en pijama, o porque la
cámara de su computadora no funciona, u otras razones de ese tenor. Es importante actuar
diversas estrategias de docencia: por ejemplo, utilizando pizarra blanca al costado del
escritorio, rotuladores y hojas, uso de PowerPoint. Muchos intentan introducir la información
desde múltiples sentidos: en la pizarra redactan las explicaciones que hacen verbalmente,
acoplan cartelones en las hojas, frases, dibujos, mensajes que son espontáneos para no
ceñirse a la clase estipulada por el PowerPoint rígidamente. Ese es el ritual general.
Por todo lo anterior, seguimos experimentando el cambio de paradigma de la
presencialidad a la virtualidad, este proceso aún no termina. Todo esto se hace evidente en
los cambios que se siguen dando tanto en las dinámicas en el aula, la relación docente
alumno, el proceso de enseñanza aprendizaje y el uso más intensivo de las nuevas
tecnologías. Por ello, la educación es la transformación en la convivencia, que trasciende a
la entrega de información, y que involucra nuestra integración como seres humanos en la
convivencia y en el amor como emoción fundamental que lo hace posible.