equidad social y respeto, una dimensión que los distintos sectores en la sociedad deben
asumir hacia los demás. Este escenario tiene que considerar la premisa de las diferentes
culturas cuentan con el derecho a contribuir y desplegarse, desde sus diferencias y
particularidades, para poder construir país.
Lo antedicho quiere significar que no deben primar ciertos conocimientos sobre los otros;
igualmente, que no solo los actores vulnerables de la sociedad son los que están obligados
a conocer la cultura de los dominantes, esto es, sus costumbres, lenguas o códigos
comportamentales, sino que la educación debe ser igualitaria, es decir, no debe dar lugar al
irrespeto o la discriminación. Además, para el logro de una educación genuinamente
intercultural, es necesario que las distintas culturas se difundan, se den a conocer
equitativamente con los diferentes agentes: maestros afros, hispanos, extranjeros, indígenas;
respetando en el contenido curricular sendos elementos de sabiduría y conocimiento de las
culturas; favoreciendo la enseñanza con métodos adecuados y diversos que se ajusten a la
pluriculturalidad; con recursos pedagógicos. Si ello no ocurre, habrá un efecto adverso, esto
es, se seguirá asimilando la cultura de las etnias minoritarias a la cultura dominante y nacional
(Haro y Vélez, 1997, p. 302).
Dicho esto, se tiene que, si se organizara, pensara y operativizara la interculturalidad a
nivel educativo, los resultados serían los más óptimos para la sociedad latinoamericana; sin
embargo, ello no ha ocurrido porque lo que se ha buscado es enfocar la interculturalidad
exclusivamente a la dimensión actitudinal y afectiva para jóvenes y niños o bien, en la
capacitación o formación de los docentes, en el desarrollo de materiales, lo que a la postre
ha limitado a la interculturalidad a una relación de orden personal, individual, sin considerar
la importancia de trabajarla y comprenderla como un proceso de orden político, social,
procedimental, cognitivo, de habilidades, capacidades y destrezas en concreto. (UNICEF,
2005).
Ahora bien, ¿qué otros aspectos deben ser considerados en este escenario?
Ciertamente, para que se logre impactar en la sociedad y en los alumnos, es preciso que la
interculturalidad considere la experiencia de estos últimos y su realidad sociocultural. Esto
supone la comprensión de sus conflictos internos, a nivel grupal, los potenciales
desequilibrios culturales y sociales a los que deben enfrentarse. Del mismo modo debe
advertirse un esfuerzo por el desarrollo de habilidades y conocimientos que permitan su
conceptualización, interiorización y ejercitación, así como la asunción con conciencia y
compromiso de esta, lo que implica que debe buscar el modo de incrementar las capacidades
de comunicación y relación, entre sí, y de forma creativa y positiva, atendiendo a las culturas
del entorno y respetando las identidades (Albó, 1999, p. 107).
Es importante reflexionar, además que, pese a que se ha buscado la incorporación, en
las políticas oficiales o vía reforma legislativa en los distintos países del continente en materia
de interculturalidad, ciertamente no existe un entendimiento global respecto a lo que este
concepto implica desde el punto de vista pedagógico. Tampoco hay mucha claridad respecto
al modo en que se junta el tema procedimental, cognitivo o actitudinal ni lo ajeno, lo social o
lo propio en estos distintos escenarios. Es aún más difícil establecer el modo en que se aplica,
de manera concreta e integral, la interculturalidad en los diversos sistemas educativos de la
región o el modo en que se concreta, en la práctica, la educación bilingüe intercultural.
Por lo mismo, los países actualmente deberían estar preocupados por el material logro
de una gestión de diversidad cultural, en la que se reconozca la existencia de relaciones de
asimetría cultural, pero desde la identidad colectiva para maximizar resultados y abordar
fenómenos de dominación cultural que no estén atados a los criterios de minorías-mayoría
(Rodríguez, 2013, p.126). Se recuerda, además, que esta interculturalidad debe estar
pensada y planteada en un escenario de convivencia y respeto horizontal entre culturas que
favorezca no solo aprendizajes y enriquecimiento sino relaciones equitativas en términos de
materialización de derechos diferenciados (p. 33).
Asimismo, es preciso que se considere objetivamente categorías como equidad, inclusión,
rezago, vulnerabilidad, mismas que -sin esta finalidad- han logrado que se desplace la
interculturalidad; esto se ve plasmado, en la realidad social, en términos de definición de