Retos de la Ciencia, 10(21), 2026.
https://www.retosdelacienciaec.com/Revistas/index.php/retos
Enero, 2026
Vol.10, No. 21, 47-62
hps://doi.org/10.53877/rc10.21-608
ISSN 2602-8237
Retos de la Ciencia
El aburrimiento como femeno complejo: Una revisn
interdisciplinaria desde una aproximación cognitiva, afectiva,
neurobiogica y social
Boredom as a Complex Phenomenon: An interdisciplinary review across
cognitive, affective, neurobiological, and socio-cultural approaches
Monica Prandi
Universidad de Flores. Argentina.
monicaprandi@gmail.com
https://orcid.org/0009-0008-8644-9293
Marcelo R. Ceberio
Universidad de Flores. Argentina.
marcelorceberio@gmail.com
https://orcid.org/0000-0002-4671-440X
2
Autor de correspondencia:
marcelorceberio@gmail.com
Recibido: 01-09-2025 Aceptado: 10-11-2025 Publicado: 05-01-2026
Cómo citar: Pradi, M. y Ceberio, M. (2026). El aburrimiento como fenómeno complejo: Una revisión
interdisciplinaria desde una aproximación cognitiva, afectiva, neurobiológica y social. Revista
Científica Retos de la Ciencia, 10(21), pp. 47-62. https://doi.org/10.53877/rc10.21-608
RESUMEN
Numerosas investigaciones sobre el aburrimiento han situado aspectos relevantes de su
fundamentacn teórica. Sin embargo, la evidencia disponible presenta limitaciones para
consensuar una definición, separarla de sus correlatos, explicar las conductas contradictorias
que promueve e integrar sus múltiples facetas. Mediante una revisión no experimental,
documental, cualitativa, de tipo descriptivaanatica, con alcances exploratorios y
descriptivos, se sintetizaron diversas investigaciones sobre el aburrimiento articulando
perspectivas cognitivas, afectivas, funcionales, neurobiológicas y socioculturales; inicialmente
abordado de modo dicotómico, el campo aún enfrenta desafíos para pensarlo como estado y
rasgo. Los enfoques cognitivos, afectivos y funcionales lo describen como un estado aversivo
marcado por desajuste atencional, pérdida de sentido y agencia, y evaluaciones de bajo
control y valor, que actúa como señal para el cambio. Los hallazgos neurobiológicos muestran
la implicación de la corteza prefrontal y de la red neuronal por defecto, confirmando su rol de
señal. Las experiencias pasadas y las emociones se combinan y crean marcadores somáticos
que regulan diversas funciones fisiológicas. El marcador sotico incluye también la cultura,
en tanto la experiencia que la persona tiene interactuando con su entorno, e influye para
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evaluar y responder a una situación. El análisis conjunto de estas perspectivas evidencia la
necesidad de abordajes interdisciplinarios que reconozcan la complejidad del fenómeno e
integren interdisciplinariamente, la dimica entre recursos subjetivos y contexto.
PALABRAS CLAVE: aburrimiento; emoción; neurociencia; cognición; identidad cultural.
ABSTRACT
Numerous studies on boredom have identified relevant aspects of its theoretical foundations.
However, the available evidence shows limitations in reaching a consensual definition,
distinguishing it from its correlates, explaining the contradictory behaviors it promotes, and
integrating its multiple facets. Through a non-experimental, documentary, qualitative,
descriptive–analytical review with exploratory and descriptive scope, various investigations
on boredom were synthesized by articulating cognitive, affective, functional, neurobiological,
and sociocultural perspectives. Although initially approached in a dichotomous manner, the
field still faces challenges in conceptualizing boredom as both a state and a trait. Cognitive,
affective, and functional approaches describe it as an aversive state characterized by
attentional misalignment, loss of meaning and agency, and evaluations of low control and
value, functioning as a signal for change. Neurobiological findings show the involvement of
the prefrontal cortex and the default mode network, confirming its signaling role. Past
experiences and emotions combine to create somatic markers that regulate diverse
physiological functions. The somatic marker also includes culture, insofar as individuals
experiences interacting with their environment shape how they evaluate and respond to
situations. The joint analysis of these perspectives highlights the need for interdisciplinary
approaches that acknowledge the phenomenon’s complexity and integrate, in an interrelated
manner, the dynamics between subjective resources and context.
KEYWORDS: boredom; emotion; neuroscience; cognition; cultural identity.
INTRODUCCIÓN
El aburrimiento es una vivencia desagradable, aversiva y prevalente que experimentan
personas de todas las edades y en diversos contextos (Chin et al., 2017; Ng et al., 2015). La
literatura afirma que el 63% de los adultos se aburren al menos una vez cada 10 as; y se
presenta en un 2.8% de cada 30 minutos (Chin et al., 2017). Suele vivenciarse en situaciones
percibidas como carentes de novedad o significado (Chan et al., 2018; Van Tilburg & Igou,
2017a, Igou et al., 2024), que no captan la atención (Hunter & Eastwood, 2018), donde no se
utilizan plenamente los recursos cognitivos (Westgate, 2020; Elpidorou, 2023; Hunter &
Eastwood, 2018), o con poca autonomía percibida (Tam et al., 2021; Eastwood & Gorelik 2024).
Cuando las personas se sienten aburridas perciben que el tiempo transcurre lento (Tam et al.,
2021; Weis et al., 2021; Wolff et al., 2024) y siempre hacen una evaluación negativa de la
situacn actual (Elpidorou, 2018, 2024), sea porque se trata de una actividad monótona y
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carente de estimulacn, o porque los estímulos sobrepasan los recursos cognitivos
disponibles (Westgate & Steidle, 2020).
El aburrimiento puede presentarse con baja excitacn, aunque algunos episodios se
dan con excitacn alta o mixta (Merrifield & Danckert, 2014; Van Tilburg & Igou, 2017a,
Danckert & ELpidorou, 2023). A pesar de que el aburrimiento es una experiencia usual, con
impacto en distintas esferas de la vida personal y en la sociedad (Asimov, 1964; Harari, 2018,
Goetz, 2019; Harari, 2024), los estudios empíricos comenzaron a finales del siglo XX (Camerini
et al., 2023). Según Vodanovich y Watt (2016), la medicn de cualquier constructo depende
de la forma en que se conceptualiza y define, y sostienen que el aburrimiento puede ser
definido y medido como estado (transitorio) o rasgo (crónico), en forma general o según el
contexto en el que se produce.
El estado de aburrimiento es el estado afectivo transitorio que se experimenta, por
ejemplo, en situaciones de espera, en clases o en el trabajo, realizando tareas monótonas o
cuando no se tiene nada que hacer; mientras que el rasgo es la propensión al aburrimiento, un
rasgo de personalidad, (Chin et al., 2017; Elpidorou, 2024; van Tilburg, 2024). La investigación
mayormente se centró en el rasgo porque se basó en la Escala de Propensión al Aburrimiento
(BPS), que fue la técnica s utilizada (Vodanovich, 2003; Vodanovich & Watt, 2016; Westgate
& WIlson, 2018).
Otros autores sostienen que el aburrimiento no se reduce a un estado ni a un rasgo, ya
que también depende del deseo de hallar actividades significativas, y la variedad de
reacciones ante contextos similares indica que no basta la predisposición para que surja
(Elpidorou, 2022; Igou & van Tilburg 2017; Tam et al., 2021). Danckert y Elpidorou (2023)
señalan que los dos tipos de aburrimiento esn relacionados, aunque hay que diferenciarlos,
señalando que el estado puede ser útil y adaptativo mientras que el rasgo suele asociarse con
disfuncn o vulnerabilidad psicológica. En esa línea, Ros Velasco (2022) distingue un
aburrimiento cronificado, que se da cuando las personas no tienen posibilidad de modificar
la situacn en que se encuentran. Muchos estudios tienden a centrarse solo en uno de los dos
niveles, rasgo o estado, lo que empobrece la comprensión global del fenómeno (Ros Velasco,
2022; Danckert y Elpidorou,2023).
La definición del aburrimiento no está consensuada, pero hay cierta coincidencia en
entenderlo como un estado aversivo que las personas experimentan cuando quieren participar
en una tarea satisfactoria o significativa y no pueden hacerlo (Eastwood et al., 2012; Danckert,
2019; Danckert et al., 2018; Elpidorou, 2024; Westgate & Steidle, (2020); Tam et al., 2021).
Las múltiples facetas del aburrimiento dificultan su definición así como también su
diferenciación de otros estados afectivos adversos, de los problemas de atención (Goldberg et
al., 2011; van Tilburg & Igou 2017ª; Velasco, 2022), de las conductas impulsivas (van Tilburg
et al., 2019;
Kılıç et al.2020; Miao et al.,2020), de la infrautilizacn de las capacidades
cognitivas (Danckert & Elpidorou, 2023; Eastwood & Gorelick, 2024; Westgate, 2020), y de las
dificultades de agenciamiento (Eastwood & Gorelick, 2024).
Wolff et al. (2024) también señalan que muchos de los estudios dejan indiferenciado el
aburrimiento de las estrategias que las personas utilizan para salir de esa situación (coping).
A estas limitaciones se suman las imprecisiones de los instrumentos de medición (Camerini
et al., 2023; Vodanovich & Watts, 2016) y la falta de consistencia resultante de dichas
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limitaciones en los estudios. Por ejemplo, el aburrimiento puede dar lugar a comportamientos
creativos tanto como destructivos, promover conductas prosociales o antisociales, se presenta
con alta o baja excitación, puede ser causa de una falla en la atención o bien la atención decae
porque la persona es aburrida, los individuos se aburren bien haciendo algo o sin hacer nada
(Danckert & Elpidorou, 2023; Elpidorou, 2024; Tam et al., 2021; Van Tilburg & Igou, 2012;
Westgate & Steidle, 2020).
MÉTODOS Y MATERIALES
De acuerdo con la tipología propuesta por Hernández Sampieri, esta investigación
corresponde a un estudio no experimental, documental y de enfoque cualitativo, dado que se
sustenta en la recopilacn, revisión y análisis crítico de literatura especializada sin
intervencn directa sobre variables ni recolección de datos empíricos.
En cuanto a su alcance, se caracteriza como una investigación exploratoria y
descriptiva, ya que aborda un fenómeno complejo y con limitada consolidacn conceptual,
como es el aburrimiento, con el fin de identificar sus principales dimensiones cognitivas,
afectivas, funcionales, neurobiológicas y socioculturales. Asimismo, se configura como un
estudio descriptivo–anatico, pues compara, integra y examina distintas perspectivas
teóricas, señalando tensiones, vacíos y la necesidad de enfoques interdisciplinarios que
articulen la interaccn entre los recursos subjetivos del individuo y su contexto.
El Aburrimiento desde diferentes modelos y Autores
El aburrimiento es una experiencia compleja que ha dado lugar a múltiples acercamientos.
Ros Velasco (2019, 2021) sostiene que históricamente la filosofía, la teología, la antropología,
la sociología, la literatura y el arte se ocuparon del aburrimiento. El psicoalisis también se
enfocó en el estado de aburrimiento normal y patológico (Fenichel, 1951; Anton y Velasco,
2019). Actualmente, la psicología es la disciplina que principalmente lo estudia, generando
modelos de abordaje que enfatizan los aspectos cognitivos, afectivos y funcionales del
constructo.
Los estudios cognitivos señalan que la dificultad de atención siempre forma parte de
la experiencia de aburrirse (Eastwood et al., 2012; Hunter & Eastwood, 2018;
Danckert &
Merrifield, 2018;
Tam, 2021). El aburrimiento es un estado desagradable en el que las personas
luchan por mantener su atención en la actividad actual (Elpidorou & Danckert, 2023; Goetz et
al., 2023). Pero se puede experimentar aburrimiento aun cuando no se eshaciendo algo en
particular (Harris, 2000; Westgate & Wilson, 2018; Poels et al., 2022). Según Eastwood et al.
(2012) el aburrimiento es un estado aversivo en el que las personas desean, pero no son
capaces de participar en una actividad satisfactoria. Otros autores reenfocaron la idea de que
en el aburrimiento hay un fracaso de la atencn y precisaron una utilización inadecuada de
los recursos cognitivos o una mente desocupada (Danckert & Elpidorou, 2023; Eastwood &
Gorelick, 2024; Tam et al., 2021; Westgate & Steidle, 2020).
Otros aspectos cognitivos subrayados en la literatura dan cuenta de que el
aburrimiento también se vincula con la falta de significado (Fahlman et al., 2009; Ros Velasco,
2023; Tam et al., 2021; Van Tilburg & Igou, 2011, 2012, 2024; Svendsen, 2016; Westgate, 2020).
Partiendo del supuesto existencial de búsqueda de sentido y su regulacn, las investigaciones
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afirman que las personas se aburren ante la falta de sentido de la situacn e intentan
contrarrestarlo participando en actividades que impactan en la propia vida y la cultura (Igou
et al., 2024). El significado producido no debe ser necesariamente positivo, pero las
experiencias de aburrimiento se distinguen de otras emociones negativas como la ira o la
frustracn (Bench & Lench, 2013, 2019; Elpidorou, 2018; O’Dea et al., 2024; Tempelaar &
Niculescu, 2022; Pekrun, 2024).
Las evaluaciones cognitivas también están involucradas en el aburrimiento e implican
una interpretacn del entorno considerando las emociones, el significado personal y las
reacciones motivacionales (Tam et al., 2021; van Tilburg, 2019; Parker et al., 2021). Las
percepciones de significado son evaluaciones y juegan un papel en los procesos de
autorregulación cuando las personas se aburren (Igou, 2024; Van Tilburg & Igou, 2017a;
Elpidorou, 2018a; 2024b). Además, la experiencia de aburrirse se halló asociada con el sentido
de agenciamiento que tiene una persona.
Según Bandura (1997), la agencia es la capacidad de una persona para formular,
ejecutar y sostener metas con intención, previsn, autorregulación y autorreflexión; o sea,
cuando la persona se vuelve agente de la accn. Eastwood y Gorelik (2024) postulan que el
aburrimiento se caracteriza por querer hacer algo, pero nada de lo que es disponible, lo que
deja la mente desocupada y las capacidades cognitivas subutilizadas; y proponen entender el
rasgo de aburrimiento como la experiencia frecuente del estado de aburrimiento, causada por
una falta crónica de agencia.
En cuanto al aspecto afectivo, el aburrimiento fue excluido de los estudios sobre las
emociones (Ekman, 1992; Lazarus, 1991). Se lo caracterizó como un estado de ánimo,
entendiéndolo como la ausencia total de emoción o sentimiento (Westgate, 2020). Fue
confundido con la apatía por no distinguirse su naturaleza volitiva, que implica un deseo de
buscar una actividad alternativa o escapar de la situación (Elpidorou, 2018; Ros Velasco, 2018;
Westgate, 2020). Cuando el aburrimiento se dejó de lado por los investigadores de las
emociones, fue retomado en el campo de la educacn y en el lugar de trabajo (Goetz et al.,
2014, 2024; Westgate & Steidle, 2020; Finkielsztein, 2020; Sánchez-Cardona, 2020).
Pekrun y Goetz (2024) lo definen como una emoción resultante de evaluaciones de
bajo valor y control, e integran antecedentes y consecuencias que permiten estrategias de
regulación. El aburrimiento, en tanto es una emoción, informa y regula los comportamientos.
Es decir, la sensacn de aburrirse opera como una señal de alarma que produce una acción
consecuente, por ejemplo, quedarme cerrado en el acto de aburrimiento, o entrar en un
circuito de acciones que lo resuelvan, inclusive acciones preventivas.
En esa direccn se integran las teorías funcionales del aburrimiento. Cuando se
percibe una deficiencia en el significado de la tarea, se impulsa la búsqueda de alternativas
más significativas (Van Tilburg & Igou, 2012; Van Tilburg & Igou, 2019). Para Bench y Lench
(2019) el aburrimiento facilita la exploración, aunque la nueva experiencia resulte
desagradable. Elpidorou (2014, 2018a) propone que, frente a una situación insatisfactoria, se
promueve una accn, pero alineada con las aspiraciones personales que facilitarían el
crecimiento personal y el logro de una vida significativa. Danckert y Elpidorou (2023)
conceptualizan el aburrimiento como una señal de alarma que empuja a hacer un cambio en
la situación actual, desempeñando un papel fundamental en la autorregulacn del
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comportamiento. El aburrimiento contribuye a la regulacn del compromiso cognitivo y ello
depende de factores ambientales y psicológicos; sin embargo, aún no se esclarece cómo se
pasa a la accn (Danckert & Elpidorou, 2023; Elpidorou, 2024; Mugon et al., 2020).
Además de las concepciones cognitivas, afectivas y funcionales del aburrimiento que
se vienen explorando en el campo de la psicología, los nuevos estudios neurocientíficos se
incorporan a los enfoques interdisciplinarios que se hicieron previamente, ampliando el
campo de investigación y evidenciando la relevancia y complejidad del constructo en distintos
contextos.
El aburrimiento implica correlatos fisiológicos y neurológicos que involucran a la
corteza prefrontal (Tabatabaie et al., 2014) y la actividad de la red neuronal por defecto, lo que
influye en la búsqueda de actividades s estimulantes (Danckert & Merrifield, 2018). Por
otra parte, cuando el aburrimiento se considera una emoción, también pone en juego la
neurobiología y, desde ese punto de vista, se puede vincular a la toma de decisiones. Las
emociones juegan un papel indispensable para la racionalidad, proporcionando un
fundamento necesario para tomar decisiones en la vida cotidiana y en situaciones complejas
(Dasio, 1994).
La toma de decisiones es un proceso que involucra las emociones y las funciones de
evaluacn, control y motivacn; lo que implica una interaccn compleja entre diferentes
sistemas neurocognitivos, incluyendo áreas como la corteza prefrontal, el sistema mbico y el
sistema dopaminérgico (Bechara et al., 1997; Damásio, 1994, 2018; O'Doherty et al., 2017;
Redish et al., 2008).
El aburrimiento, en tanto emocn que llama a la accn, promueve una
variedad de conductas que a veces contribuyen a superar el estado de un modo creativo y
favorable al bienestar y, en otros casos, se disparan comportamientos antisociales o
autodestructivos (Miao et al., 2019; Kılıç et al.,2020).
La emoción del aburrimiento también se puede relacionar con el concepto de marcador
somático creado por Antonio Dasio (2018), que se refiere a las señales o sensaciones físicas
y emocionales que experimentamos en respuesta a una situación o estímulo particular. Estas
sensaciones pueden incluir el latido del corazón acelerado, el sudor en las manos, las
mariposas en el estómago, entre otras. Las experiencias pasadas y las emociones se combinan
para crear marcadores somáticos que, junto con los procesos psicológicos, forman una red de
comunicacn compleja en nuestro cuerpo. Esta red supervisa y regula diversas funciones
fisiológicas internas (Dasio, 2018). El marcador somático se manifiesta incluyendo también
la cultura, en tanto la experiencia contextual a la que la persona está expuesta y que influye
en cómo se evalúa y responde a una situación (Dasio, 2018).
Aburrimiento, contexto cultural y representaciones sociales
El aburrimiento es una emoción, y ésta se construye y se vivencia dentro de un contexto
sociocultural (Ellsworth, 1994; Frijda y Mesquita,1994; Markus y Kitayama, 1991; Frijda, 1986;
Lutz, 1988; Ortony y Turner, 1990; Rosaldo, 1984). De hecho, si las personas cambian de
cultura, lo conocido y las certezas adquiridas vacilan frente a los nuevos desafíos y
entendimientos que el nuevo entorno les ofrece. Greenberg et al. (2004), apoyándose en Heider
(1958), postulan que los significados que las personas otorgan a su entorno social determinan
críticamente sus pensamientos, sentimientos y comportamientos.
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Los valores, el idioma y las tradiciones que se comparten con un grupo de origen conforman
la identidad étnica de un individuo (Phinney, 1990). La pertenencia a un grupo,
internalizando sus normas y valores, otorga la identidad colectiva. Tajfel y Turner (1979)
también consideran la importancia de lo que ellos denominan identidad social, porque afecta
directamente cómo las personas se perciben (“nosotros) y perciben a otros grupos (“ellos),
incluyendo el valor emocional y el significado que esa pertenencia tiene.
Las representaciones sociales, creencias, ideas y valores ayudan a modelar la
identidad. Moloney y Walker (2007) destacan cómo las representaciones sociales no solo
reflejan, sino que también construyen la identidad social, influyendo en la forma en que los
individuos y los grupos comprenden y se relacionan con el mundo. La visión del mundo de
cada persona y de sí misma, depende de entendimientos compartidos, que a su vez cuentan
con una validacn social (Leary, 2010). Los otros proveen marcos interpretativos desde los
cuales cada persona extrae significado para sus propias experiencias. Esos marcos de
interpretación responden a la cultura en la que se vive, donde se promueven diferentes
significados a través de las interacciones, mitos, enseñanzas históricas y los medios de
entretenimiento (Heine, 2010). Los demás juegan un rol crucial en la construcción de
significado porque pueden validar o invalidar las propias percepciones, ideas o
interpretaciones de un sujeto (Festinger 1954; Swann,1987).
La complejidad de las emociones involucra aspectos psicológicos, neurológicos y
fisiológicos que, si bien esn conectados, por mismos no son emociones. Esos componentes
se combinan y toman forma a tras de procesos sociales y culturales, mediante los cuales los
individuos crean colectivamente una adaptacn a su propio nivel sociocultural inmediato.
En una búsqueda de adaptacn y ajuste al entorno sociocultural, los procesos se organizan y
transforman en emociones. Sentirse bien, orgulloso, avergonzado o enojado son emociones
que se forman y personalizan con los episodios cotidianos, recurrentes y la vida cultural
(Lutz,2011).
Las emociones son guiones socialmente compartidos compuestos por procesos físicos,
subjetivos y conductuales. Algunos de estos procesos se dan mentalmente y dependen de la
persona, por ejemplo, su mite al dolor, sensibilidad al placer y otras respuestas sensoriales.
Pero otros procesos se dan en las interacciones (Wertsch y Tulviste, 1992), por ejemplo, el
ataque o el elogio como patrones de interaccn son sentimientos socialmente compartidos de
intimidad o antagonismo (Ellsworth, 1994; Frijda y Mesquita, 1994; Markus y Kitayama, 1991).
Las emociones se evalúan según ciertas dimensiones, algunas universales (como
novedad o agrado) y otras culturalmente específicas (como responsabilidad o control),
influidas por el contexto cultural del individuo (Ellsworth, 1994). En Occidente, ajustarse a los
imperativos culturales de encajar con los demás” se integra en el sistema emocional,
generando bienestar al cumplirlos y malestar al contradecirlos (Markus y Kitayama, 1991).
Finkielsztein (2025) desarrolla una teoría relacional-expectacional del aburrimiento,
destacando que es una emoción condicionada por factores sociales y culturales. Analiza cómo
esta emoción se configura a través de las estructuras sociales, las expectativas y las
experiencias colectivas, especialmente en contextos de desigualdad, consumo y trabajo,
subrayando el papel central de la cultura en su vivencia y recurrencia.
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Algunos Antecedentes
La revisión sistemática de Camerini (2024) coincide con las críticas de Vodanovich y Watt
(2016), señalando que las mediciones hechas para conocer más sobre el estado de aburrimiento
no son enteramente confiables ni esn actualizadas de acuerdo con los cambios tecnológicos
de las últimas décadas. El 47% de los estudios, según Camerini et al. (2024), midió el rasgo de
aburrimiento con las siguientes escalas: Multi Dimentional State Boredom Scale (MBS)
(Fahlman et al., 2013) y su versión breve (Hunter et al., 2016); BPS (Farmer y Sundberg, 1986),
y sus abreviaciones BPS-SF-8 (Struke et al., 2015) y BPS-SF-12 (Vodanovich et al., 2005); y la
subescala de Susceptibilidad al Aburrimiento, de la escala de Búsqueda de Sensaciones (ZB)
(Zuckerman et al., 1978).
Para las mediciones en contexto específico se usó: la Dutch Boredom Scale (DBS)
(Reijseger et al., 2013), en el laboral, y el Achievement Emotions Questionary (AE Q) (Pekrun
et al., 2014) en el académico; la Leisure Boredom Scale (LBS) (Iso-Ahola y Weisinger, 1990); la
subescala de Aburrimiento de la Leisure Experience Battery (LE B) (Caldwell et al., 1992) en
ocio; y Sexual Boredom Scale (SBS) (Watt y Ewing, 1996), en contexto sexual. Vodanovich y
Watt (2016) y Camerini et al. (2024) sugieren seguir revisando la fiabilidad y validez de los
instrumentos de medición, incluir contenidos actualizados en las escalas, y evaluar su
generalización en diversos contextos y culturas.
A pesar de estas limitaciones, recientemente surgieron estudios que relacionan
algunas variables presentes en el estado de aburrimiento, considerando a una perspectiva
más holística del constructo y destacando el rol de la atención y el significado. El modelo MAC
(Westgate y Wilson, 2018) sugiere que la atención y el significado son determinantes
independientes de la experiencia, y la falta de atencn es suficiente pero no necesaria.
Los desajustes entre las demandas cognitivas y los recursos mentales disponibles, a
como entre la actividad actual y la evaluación cognitiva, pueden provocar aburrimiento. El
MAC enfatiza el desajuste entre las demandas cognitivas de la tarea y los recursos disponibles
del individuo, considerando tanto la baja como la excesiva estimulación cognitiva como
disparador potencial.
En la misma direccn, el Boredom Feedback Model (BFM) de Tam et al. (2021)
también lo asocia con procesos cognitivos atencionales y de valoracn, pero a diferencia del
MAC, ambas variables se relacionan. Cuando hay una discrepancia entre los niveles deseados
y reales de compromiso atencional, surge el aburrimiento. Si se da un compromiso atencional
inadecuado (IAE), se inicia un bucle de retroalimentación donde la atención se desplaza, y
cuando algo la capta suficientemente, el aburrimiento se diluye. Esto dura hasta que la
atención se desvía nuevamente debido al IAE volviendo al principio del modelo.
Por otro lado, Danckert y Elpidorou (2023) revisan las teorías funcionales y sostienen
que el aburrimiento puede surgir debido a una gama limitada de actividades atractivas o a
una evaluacn inadecuada del compromiso y valor en la situacn. Sugieren que se trata de
una experiencia compleja, que no se explica por una sola característica, y que el enfoque debe
centrarse en la funcn del aburrimiento, que sirve como un impulso para buscar nuevas
acciones y un mayor compromiso (Bench y Lench, 2019; Danckert, 2019;).
El aporte de Danckert y Elpidorou (2023) es examinar cómo se transforma el
aburrimiento en acción y proponen tres modelos: búsqueda de novedades, costes de
oportunidad y despliegue subóptimo de la atencn. Sin embargo, los autores señalan que los
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modelos que postulan aún no explican la diferencia entre el estado y la propensión a
experimentar aburrimiento. Siguiendo esa perspectiva, Trudel (2024) introduce el concepto
de homeostasis como analogía para ubicar al aburrimiento como una señal que indica una
desviación del compromiso cognitivo óptimo. También se refiere a la alostasis para explicar
el aburrimiento crónico, y explora posibles indicadores neuronalestanto del aburrimiento
como del compromiso cognitivo— que son predictores de la creacn de significado.
Desde un enfoque existencial y de identidad social, los estudios demostraron que el
aburrimiento, al generar una percepción de falta de significado, motiva a restablecer un
sentido o propósito (van Tilburg e Igou, 2019; van Tilburg et al., 2019). Además, en cinco
estudios experimentales hallaron que el aburrimiento situacional fortalece la identidad
grupal, incrementa la valoracn del grupo de pertenencia y la desvalorizacn del grupo
externo como una forma de restaurar el sentido. Estos efectos no se explicaron por otros
estados afectivos, destacando el rol específico del aburrimiento en la regulacn del
significado y la identidad social (van Tilburg e Igou, 2011).
En esta línea, la literatura demuestra que las emociones, entre ellas el aburrimiento,
pueden afectar los procesos de transformacn de la identidad en la migración. Loughnane,
Roth y van Tilburg (2024) investigaron cómo la nostalgia colectiva asociada a la identidad
nacional brinica se relaciona con el deseo de abandonar la Unn Europea. El estudio sugiere
que los vínculos sociales influyen en los niveles de nostalgia y, a su vez, esta influye en las
actitudes hacia la UE: los lazos con ciudadanos brinicos aumentaron el deseo de salirse de
la UE, mientras que los nculos con europeos lo redujeron. El estudio destaca el papel de la
identidad social y las emociones colectivas en decisiones políticas.
También, Petkanopoulou et al. (2021) mostraron que evocar recuerdos nostálgicos
relacionados con el país anfitrión favorece la integracn bicultural. Este hallazgo sugiere que
la nostalgia no es solo una emoción pasiva o centrada en la pérdida, sino que promueve
vínculos afectivos positivos con el contexto actual, generando una percepción más armoniosa
entre las identidades culturales y facilitando la adaptacn intercultural como mecanismo de
regulación identitaria. Además, Mok (2022) examinó cómo las emociones influyen en la
experiencia identitaria de personas biculturales. Los resultados mostraron que quienes logran
una Identidad Bicultural Integrada (BII) armonizan sus identidades culturales (alta BII) se
sienten s auténticos y emocionalmente equilibrados; en cambio, quienes perciben conflicto
entre sus identidades (baja BII) experimentan inautenticidad emocional. Conjuntamente, se
halló que la autocompasión ayuda a reducir este malestar, lo que destaca el papel de las
emociones como reguladoras de la identidad bicultural. La identidad colectiva es dinámica y
multidimensional y se configura en funcn del contexto y la experiencia emocional (Ashmore
et al., 2004); y las atribuciones de sentido son cruciales para redefinir la identidad (Smid, 2020).
En esa direccn, Smid (2020) señala que la pérdida de un ser querido transforma la
visión del mundo, así como el lugar que una persona ocupa en él. Esta observacn aplica
también para lo que se pierde en una migración. Smid (2020) propone que el duelo implica un
proceso de atribución de significado que permite integrar la pérdida, redefinir la identidad y
orientar el futuro. Este proceso puede facilitar o dificultar la adaptacn, según el sentido
atribuido. El autor presenta un marco teórico compuesto por 17 determinantes agrupados en
cinco categorías: evento, cultura, entorno social, características individuales y relaciones
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personales. La atribucn de sentido se entiende como un proceso adaptativo, influido por
múltiples factores y abordado desde una perspectiva interdisciplinaria y sociocultural.
Desde la perspectiva neurocientífica, en los últimos años se registran avances
emricos en el estudio del aburrimiento y sus consecuencias. Se lo relaciona con menor
actividad beta en la corteza prefrontal dorsolateral izquierda (Tabatabaie et al., 2014) y la
presencia de ondas alfa (Oswald, 1962, como se citó en Danckert y Elpidorou, 2023). En las
personas aburridas hay disfuncn en la regulación de la atención, la actividad de la red
neuronal por defecto y un impacto en el sistema de recompensa, lo que influye en la búsqueda
de actividades s estimulantes (Danckert y Merrifield, 2018). Las neuroigenes de los
estudios de Yacobi Danckert (2024) sugieren que la propensión al aburrimiento está asociada
con una toma de decisiones ruidosa y no con la búsqueda de riesgos de por sí. Por su parte,
Trudel (2024) observó que el aburrimiento inducido se acompaña de respuestas fisiológicas
de estrés, lo que confirma su cacter de estresor y su función para reorientar hacia actividades
más significativas.
CONCLUSIONES
En este recorrido por la literatura se revisó la investigacn existente sobre el aburrimiento,
profundizando y articulando diversas perspectivas que proporcionan una mejor comprensión
y fundamentacn teórica del constructo. El aburrimiento ha planteado un importante desafío
para su entendimiento porque se comenzó a abordar dicotómicamente, ya sea pensándolo
como consecuencia de una situación que no estimula lo suficiente o como una predisposición
de la persona. Estos enfoques aún mantienen pendiente esclarecer qué es el aburrimiento
como estado y como rasgo.
Las investigaciones llevadas a cabo generalmente se centraron en el rasgo debido a los
instrumentos disponibles; se realizaron en poblacn universitaria y sin delimitar un contexto
específico, lo que limitó captar la riqueza del constructo. A partir de considerar los hallazgos
que despejaron los aspectos con los que se puede conceptualizar el aburrimiento, así como los
resultados que lo han dejado indiferenciado de otros estados afectivos adversos o no alcanzan
a explicar las respuestas contradictorias que produce, los estudios revisados permiten afirmar
que el aburrimiento constituye una experiencia compleja que no puede reducirse a una sola
dimensión ni a un único modelo explicativo.
Las perspectivas cognitivas, afectivas y funcionales caracterizan el aburrimiento como
un estado aversivo que surge de un desajuste atencional, de la falta de significado y agencia,
y de evaluaciones de bajo control y valor. Al mismo tiempo, cumple una función reguladora
de la conducta que señala la necesidad de cambio. De este modo, lejos de constituir una
vivencia trivial, el aburrimiento se revela como un fenómeno con una alta potencia para
motivar comportamientos que tienen significativas implicancias en la vida individual y
colectiva.
La inclusión de las perspectivas neurobiológicas aporta evidencia de que la emocn
del aburrimiento implica correlatos neurofisiológicos que involucran la corteza prefrontal y
la actividad de la red neuronal por defecto, confirmando su carácter de señal que alerta para
buscar nuevas formas de compromiso. Estos hallazgos permiten avanzar en la integracn de
la psicología con las neurociencias, ampliando la comprensión de los procesos implicados en
la experiencia de aburrirse.
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neurobiológica y social
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Las experiencias pasadas y las emociones se combinan y crean marcadores somáticos
que, junto con los procesos psicológicos, forman una compleja red que regula diversas
funciones fisiológicas. El marcador somático se manifiesta incluyendo también la cultura, en
tanto la experiencia que la persona tiene interactuando con su entorno, y que influye en cómo
se evalúa y responde a una situación. No obstante, la articulación más específica entre
aburrimiento, neurobiología y procesos de toma de decisiones constituye una nea de
indagación aún en desarrollo, cuyo abordaje futuro promete enriquecer el campo y aportar
claves para comprender mejor la relacn entre emociones, cognición, acción y contexto.
Finalmente, al situar la dimensión cultural y social del aburrimiento, se reconoce que
éste no se experimenta de manera universal ni aislada, sino que se configura en interacción
con marcos simbólicos y contextos históricos compartidos. De este modo, el aburrimiento se
vuelve un prisma desde el cual estudiar cómo las personas, condicionadas por sus recursos
psicológicos, biológicos y culturales, buscan sentido y adaptan sus estrategias de regulación
emocional. Esta integración abre nuevas posibilidades de investigacn y refuerza la
necesidad de abordar el aburrimiento desde una mirada interdisciplinaria. La revisión de la
literatura sugiere que futuros estudios podrían aportar una contribución interdisciplinaria
abordando de manera s integral los múltiples factores que intervienen en el aburrimiento,
a como la dinámica que se despliega entre los recursos subjetivos y el contexto en el que
estos operan.
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